Domingo, 13 Abril 2014 00:00

Formación de formadores

La formación es un proceso casi que “infinito” en el sentido de que ella, como proceso, empieza desde los primeros años de la infancia y termina, sin temor a equivocarnos, sólo con la muerte.

Cuantos sabios, eruditos y connotación científicos no manifestaron en su lecho de muerte frases como “creo que nada he aprendido”

Entendiendo la formación del ser humano como un proceso que no tiene fin, dedicaremos este post a un tema bien interesante:formarse para formar.

Es usual que el ciudadano del común piense equivocadamente que los maestros no necesitan más formación, porque precisamente son maestros.

En la cotidianeidad encontramos, desafortunadamente, a docentes que no se capacitan permanentemente ubicándose a la “sombra de su prestigio”.

Vayamos terminando este acápite introductorio y entremos en materia esgrimiendo las poderosas razones por las cuales el docente es quien, con más urgencia y determinación, debe permanentemente formarse para formar.

Un estudio realizado hace algunos años por la prestigiosa Universidad de Stanford, reveló las habilidades básicas que tiene que tener un profesor sin descuidar que debe estar siempre en continuo reciclaje y por lo tanto entrar en lo que se suele denominar en un proceso de formación continua, para no quedarse desactualizado. Podemos decir que estas habilidades básicas son: Saber cómo impartir la formación a grupos de estudiantes a su cargo.

Pedagogía general.

Programación curricular.

Conocimiento de los contextos educativos.

Conocimiento de los fines, propósitos y valores de la educación, y Hacer que los conocimientos técnicos que posea el formador se transmiten de una forma fácil, es decir, sean asimilados por los estudiantes, se trataría de transformar un conocimiento técnico en un conocimiento pedagógico o de fácil transmisión y asimilación por parte de los estudiantes.

Según dichoestudio, este es el aspecto más importante en la educación básica de los profesores y, además, está suficientemente comprobado.

Podemos destacar también la opinión de una experta pedagoga, la formación continua del profesorado debe respetar sus conocimientos previos, mejorarlos y gestionarlos de acuerdo a la metodologías más modernas, que siempre están en continua evolución, centrándose en el alumno como destinatario final de la acción formativa, por decirlo de alguna manera es el cliente final de la formación y por tanto todos los esfuerzos deben centrarse en su satisfacción.

Pero, agregamos nosotros, que la educación del maestro después de graduado como tal, es absolutamente trascendente, como lo habíamos anotado.

El asunto, consideramos nosotros, radica en que la necesidad de formarse para formar debe ir en consonancia con los avances, puesto que la pedagogía como disciplina que es, evoluciona con gran versatilidad.

En este orden de ideas, es claro que hoy se considera que el profesor es un facilitador de la construcción del conocimiento, de tal manera que fomente en el alumno su autonomía y sus destrezas para desempeñarse en un contexto.

Ya no se trata de los profesores “dictadores”, con el ceño fruncido y preguntándole a rajatabla sobre determinado tema a un alumno para luego proceder, si éste falla, a corregirle con un estruendoso berrido.

En la actualidad, la formación de los docentes debe apuntar a su creatividad, a su flexibilidad y a su capacidad de elegir lo que considera más adecuado para los fines que se ha propuesto.

Y acá es donde aparece, precisamente, el aspecto más importante al que está apuntando el contenido de nuestro post: por lo manifestado en el párrafo anterior, se exige del docente que sea mucho más estructurado en el área que maneja.

Pero, acá viene lo más trascendental aún: el docente debe ser, además: universal, profundo y riguroso.

No debe centralizarse sólo en su área, sino que debe investigar, actualizarse de manera permanente y documentarse exhaustivamente sobre otras áreas del conocimiento que, en mayor o menor medida, tengan relación con su ámbito específico.

Formarse para formar es cuestión de formarse integralmente.

Sería abrumador que, por ejemplo un alumno durante una clase de geografía, le indague al docente acerca de un acontecimiento histórico más o menos reciente relacionado con la región de la que se está hablando en términos geográficos, y ese profesor no sepa responder o, peor aún, responda inventándose cualquier respuesta inexacta.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, cada vez más, con el incremento exponencial de la globalización, el docente debe saber balancear muy bien lo global y lo local.

El docente debe estar al tanto y al instante sobre el desarrollo de las nuevas tecnologías y de los acontecimientos de trascendencia global pero, sin duda alguna, no debe perder de vista que él mismo y su grupo se encuentran dentro de un contexto específico, esto es, en una ciudad de un determinado país.

Por tal razón, la necesidad de formarse para formar adquiere una dimensión integral y global, sin desatenderse del ámbito local.

Qué tal, por ejemplo, un profesor de geometría analítica que no le sepa explicar a un estudiante, cómo descargar y manejar una nueva aplicación que apareció en la red para desarrollar procesos geométricos en 3D? Sería un verdadero despropósito.

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